sana y me sujetó los dedos.
Alma explicó que una falta grave de oxígeno le había causado daño cerebral. Lucía pasó años con mínima respuesta y problemas de movilidad y lenguaje. Apenas unos meses atrás había recuperado la capacidad de comunicarse con claridad. Ofelia le decía que yo había rehecho mi vida y que nuestras hijas habían muerto.
Su encierro había sido una suma de formularios ajenos, llamadas negadas y decisiones tomadas sin consultarla. Cuando pregunté por qué nadie comprobó su identidad, el administrador bajó los ojos.
—Hasta que Alma