yo.
—El acceso a la vivienda y cualquier medida temporal se resolverán conforme a los acuerdos legales correspondientes.
Yo lo miré.
—A partir de ahora no quiero conversaciones sobre dinero o propiedad sin Andrea presente.
—Soy tu esposo.
—Por ahora.
Su expresión cambió.
Creo que fue en ese momento cuando comprendió que aquella discusión no terminaría con unas flores y una cena.
Durante los siguientes días descubrimos más detalles.
No había una segunda casa secreta.
No había otra mujer.
No había una conspiración escondida detrás de una puerta.
Era algo