ordenándole que no hiciera ruido.
Recordaba a mi madre llorando.
Y una voz masculina.
—¿Sabes quién era?
—No lo vi.
—¿Escuchaste algún nombre?
Lucía cerró los ojos.
—Sí.
—¿Cuál?
Cuando respondió, sentí que algo dentro de mí se quebraba.
—Ramiro.
Mi tío.
El hermano menor de mi padre.
El hombre que, después de la muerte de mi madre, me acompañó a cada cumpleaños, cada graduación y cada aniversario.
El hombre que durante 27 años me repitió que Beatriz Valdés había muerto por culpa de enemigos de nuestra familia.
Parte 2: