el dinero?
Sus manos empezaron a temblar.
—Se lo di a mi abuela.
Cerré los ojos.
—¿Todo?
—Sí.
—¿Por qué?
—Me dijo que tu empresa estaba a punto de quebrar
(Continúa leyendo en la siguiente página)
y que necesitabas ayuda.
Sentí náuseas.
Me senté para quedar a su altura.
—Mariana, quiero que me digas todo.
Al principio apenas hablaba.
Después las mentiras comenzaron a salir una detrás de otra.
Su abuela le había dicho que yo estaba harto de mantenerla.
Que la enfermedad de su madre había consumido mis ahorros.