Fui a regañar a mi hija por «malgastar» mi dinero y descubrí que la registraron como pobre: un recibo bancario destapó la trampa

capacidad de decidir.

Llegamos a la casa a las seis.

Mi madre abrió sonriendo.

Detrás de mí estaban Laura y Ricardo.

Teresa vio a Mariana pegada a mi brazo y su expresión cambió.

—Ven para acá —ordenó.

—Una mariposa.

Todo era inventado.

—¿Y los treinta y dos mil de la computadora?

—Se los gastó.

—¿En qué?

—Ropa.

—¿Dónde está?

Otra pausa.

—Seguro la escondió.

Entonces pregunté:

—¿Cuánto dinero te he mandado este año?

Su tono cambió.

—¿Por qué?

—Estoy revisando cuentas.

Silencio.

—¿Tu empresa está auditando transferencias?

Ahí apareció el