mí me gustaba así.
Las niñas corrieron hacia Teresa apenas entramos.
Teresa era mi tía.
La hermana menor de mi madre.
Cuando llegué embarazada a Mérida cinco años atrás, fue la única persona de mi familia que no preguntó qué había hecho para que mi marido desconfiara.
Solo abrió la puerta.
—Entra.
Eso fue todo.
Más tarde escuchó la historia.
Después insultó a Santiago durante cuarenta minutos.
Y luego cocinó sopa.
Ese era su lenguaje del amor.
—¿Cómo estuvo el viaje? —preguntó.
Lucía respondió antes que yo:
—Mamá conoce a