un señor raro.
Teresa me miró.
—¿Qué señor?
Sofía intervino:
—Tiene los hoyitos de nosotras.
Teresa dejó caer la cuchara.
—No.
Yo puse el bolso sobre la mesa.
—Sí.
—¿Santiago?
Asentí.
Valentina se sentó.
—¿Quién es Santiago?
Silencio.
Teresa me miró.
No había forma de volver a meter aquella pregunta en una caja.
—Es alguien que conocí hace mucho.
—¿Tu amigo? —preguntó Lucía.
—Antes.
—¿Tu novio?
—No.
Sofía abrió mucho los ojos.
—¿Tu esposo?
Los niños escuchan más de lo que creemos.
—Fue mi esposo.
Tres caras pequeñas quedaron fascinadas.