sobre viejo.
No había planeado llevarlo.
Pero lo hacía casi siempre que tenía que ordenar documentos relacionados con las niñas.
Dentro estaba la ecografía original.
La misma.
Una esquina seguía marcada.
La puse frente a él.
Santiago se quedó inmóvil.
—¿Es…?
—Sí.
Sus dedos no la tocaron.
—La guardaste.
—Claro.
—Después de…
—Era la primera fotografía de mis hijas.
No «nuestras».
Mis.
Todavía.
Santiago tragó saliva.
Miró el papel.
Por primera vez lo leyó.
Tres marcadores.
Tres embriones.
Tres mediciones.
Se cubrió la boca.
—Eran tres.
—Sí.
—Yo…
No pudo