terminar.
—¿Qué pensaste cuando viste esto por primera vez?
—Nunca lo miraste.
—Lo sé.
—Eso es lo que pensé.
Se levantó.
Caminó hasta la ventana.
—Necesito preguntarte algo.
—Hazlo.
—¿Alguna vez hubo otro hombre?
La pregunta me congeló.
Cinco años.
Prueba de ADN frente a él.
Y todavía.
Santiago levantó las manos.
—No lo pregunto porque dude ahora.
—Entonces ¿por qué?
—Necesito saber si inventé toda nuestra destrucción desde cero.
Lo miré.
—Nunca hubo otro hombre.
Cerró los ojos.
—Nunca.
—No.
—¿Ni siquiera…?
—Santiago.
—Perdón.
Se sentó.
—Entonces fui yo.