No necesitan ser interrumpidas.
La primera visita real ocurrió dos semanas después.
En un parque.
La psicóloga infantil recomendó presentarlo primero como una persona importante de mi pasado.
Sin palabras grandes.
Sin «papá» impuesto.
Sin secretos eternos.
Los niños toleran la verdad mejor que los adultos cuando se les entrega en una medida que pueden cargar.
Santiago llegó quince minutos temprano.
Con tres cajas enormes.
Lo miré.
—No.
—¿Qué?
—¿Qué hay ahí?
—Regalos.
—No.
—Elena.
—No las vas a comprar.
—No intento…
Abrí una.
Una casa de muñecas importada.
La