Me quedé mirándolo.
—Así que preferiste pensar que yo era menos mujer.
Cerró los ojos.
—Sí.
No había defensa posible.
Mientras Santiago intentaba aprender a ser padre, nuestra vida profesional chocó.
SolViva necesitaba mi patente.
No figurativamente.
Literalmente.
La empresa desarrollaba sistemas de tratamiento de agua industrial y necesitaba cumplir nuevas metas de reducción de emisiones y residuos.
Mi filtro había pasado de ser un proyecto universitario a una tecnología comercial con aplicaciones enormes.
Yo había creado una empresa pequeña, Nébula Carbon, con dos colegas.
Santiago era director general de