al parque.
A veces a casa.
Después de seis meses empezó a recogerlas para desayunar.
Primero una hora.
Después dos.
Nunca las tres por separado al principio.
Lucía mandaba.
Sofía negociaba.
Valentina observaba.
Una mañana regresaron con pintura en el cabello.
—¿Qué pasó?
Santiago parecía traumatizado.
—Cerámica.
Lucía respondió:
—Papá rompió un plato.
Todo se detuvo.
Nadie había planeado la palabra.
Lucía tampoco.
Santiago dejó de respirar.
Yo miré a mi hija.
Ella siguió hablando.
—Y Sofía puso pintura en su pantalón.
Santiago seguía inmóvil.
—¿Qué? —preguntó Lucía.
Él se