—Yo pensaba que quizá no podría darte ninguno.
—Y en lugar de decírmelo…
—Me alejé.
—Sí.
—Cuando vi la notificación de obstetricia…
Cerró los ojos.
—Sentí que todo lo que temía se confirmaba.
—Que yo había buscado a otro.
—Sí.
—¿Tan poco pensabas de mí?
La pregunta lo golpeó.
—No.
—Entonces ¿por qué?
Tardó.
—Porque en ese momento pensaba peor de mí que de ti.
No entendí.
—Si yo era incapaz de darte hijos, me parecía lógico que algún día tú buscarías una vida que yo no podía darte.
—Nunca