encargadas de vigilar a Santiago.
—Si huye, nos avisan —dijo Teresa.
Lucía respondió:
—No llega lejos.
Santiago estaba aterrorizado.
No de casarse.
De que Teresa realmente lo persiguiera.
Ofelia llegó temprano.
Antes de la ceremonia se acercó.
—Elena.
—Sí.
—Quiero decirte algo.
Pensé que sería otra disculpa.
No.
—Gracias por permitir que mi hijo tenga una segunda oportunidad.
La miré.
—No lo hice por usted.
—Lo sé.
Sonrió.
—Por eso significa más.
Eso me gustó.
Antes de entrar, saqué algo de mi bolso.
El viejo ultrasonido.
Santiago lo vio.
Su