rostro cambió.
—¿Por qué lo trajiste?
—No sé.
Había pensado dejarlo en casa.
Pero algo me impulsó.
—Quizá porque hoy sí quiero que lo mires.
Santiago lo sostuvo.
Esta vez con ambas manos.
Lucía apareció detrás.
—¿Qué es?
Miré a mis hijas.
Ya conocían la historia.
Pero nunca habían visto aquella hoja.
—La primera foto de ustedes.
Las tres se acercaron.
Sofía señaló.
—¿Cuál soy yo?
—No tengo idea.
—¡Mamá!
—Eran tres frijoles.
—Qué falta de respeto.
Santiago empezó a reír y llorar al mismo tiempo.
Valentina le quitó la