hoja.
—No llores encima.
—Sí, señora.
Lucía miró la esquina doblada.
—¿Esto fue cuando papá la tiró?
Silencio.
Santiago respondió.
—Sí.
—Qué tonto.
—Muchísimo.
—Pero ahora no.
Santiago miró a su hija.
—Intento no.
Lucía le devolvió el ultrasonido.
—Bien.
Y se fue.
Así de simple.
Los niños tienen una capacidad brutal para reducir nuestras tragedias a lo que realmente son.
Algo ocurrió.
Estuvo mal.
¿Ahora qué vas a hacer?
Durante los votos Santiago no prometió no equivocarse.
Me alegró.
Prometió otra cosa.
—La primera vez que dudé de ti,