niñas volvieron a preguntar por la historia.
Ya no como niñas.
Como jóvenes capaces de entender traición, miedo y responsabilidad.
Nos sentamos otra vez.
Esta vez mostraron el ultrasonido.
Lucía preguntó:
—Papá, ¿de verdad pensaste que mamá te engañaba solo porque estaba embarazada?
Santiago no intentó suavizar.
—Sí.
—¿Por qué no pediste ADN?
—Orgullo.
—Eso es estúpido.
—Sí.
Sofía:
—¿Abuela ayudó a que pensaras eso?
—Sí.
Ofelia estaba allí.
Ella respondió:
—Y estuvo mal.
Valentina preguntó:
—Mamá, ¿por qué nunca le dijiste después?
Me tocaba.
—Porque estaba herida.
—¿Eso fue