rechazó antes de verla.
No había amargura en su voz.
Solo verdad.
—Sí.
—Gracias por permitirme conocerlas.
Lo miré.
—No te permití recuperar el pasado.
—Lo sé.
—Te permití construir futuro.
—También.
—Hay diferencia.
—Toda.
El avión descendió sobre las luces de Mérida.
Años atrás yo había aterrizado allí con un matrimonio roto, un ultrasonido doblado y tres corazones diminutos dentro de mí.
Pensaba que estaba llegando derrotada.
No lo sabía todavía, pero aquella ciudad iba a convertirse en el lugar donde reconstruiría todo.
Mi cuerpo.
Mi carrera.
Mi hogar.