a llevar los documentos.
Alejandro le preparó una autorización formal y ella resolvió el trámite sin contratiempos.
—Nos salvaste dos semanas de retrasos —le dijo.
—Salvé dos semanas de sueldo para cuarenta familias —respondió ella.
Aquella frase se quedó grabada en su memoria.
Pero un problema amenazaba la tranquilidad de Valeria.
Doña Teresa, la vecina que cuidaba a Sofía después del kínder, debía mudarse con su hija. Valeria no podía pagar una niñera particular sin perder casi todas sus horas extras.
Alejandro quiso ofrecerle dinero.
Sin embargo, recordó cuánto le