molestaba sentirse dependiente.
En lugar de hacerlo, investigó opciones de cuidado infantil y encontró una estancia comunitaria cercana a su departamento, con horarios extendidos y cuotas accesibles.
Le entregó la información.
—No pagué nada. Tú decides si te sirve.
Valeria revisó las hojas durante varios minutos.
—Nadie había dedicado tanto tiempo a buscar una solución para mí —susurró.
Poco después, Sofía cumplió cinco años y Valeria invitó a Alejandro a una pequeña fiesta.
Él llegó con un libro de dinosaurios y terminó sentado en el suelo, jugando con los niños.