“Ninguna mujer ha logrado conquistar a mi hijo en siete años, y mucho menos lo hará una obrera con una niña”, me dijo su padre antes de ofrecerme dos millones de pesos.

desaparecido durante el embarazo.

Valeria también le contó que soñaba con estudiar arquitectura. Había conseguido una beca, pero tuvo que abandonar la universidad cuando enfermó su madre y nació Sofía.

—No me arrepiento de tener a mi hija —aclaró—. Me duele haber tenido que renunciar a tantas cosas.

Alejandro descubrió entonces que aquella mujer sabía mucho más de construcción de lo que sus compañeros imaginaban.

Un viernes, el ingeniero responsable del proyecto enfermó y tuvieron que entregar documentación corregida al municipio para evitar que suspendieran los trabajos.

Valeria se ofreció