“Ninguna mujer ha logrado conquistar a mi hijo en siete años, y mucho menos lo hará una obrera con una niña”, me dijo su padre antes de ofrecerme dos millones de pesos.

Valeria lo observaba desde la cocina.

Por primera vez consideró que aquel hombre podía quererla sin intentar cambiarla.

Con el tiempo comenzaron a salir.

Alejandro conoció su departamento, sus preocupaciones y sus largas jornadas. Valeria conoció al hombre solitario que se escondía detrás de los trajes caros.

Cuando ella recibió un bono por desempeño, comprobó que otros trabajadores también habían sido premiados mediante evaluaciones independientes.

Solo entonces lo aceptó.

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Una tarde, al terminar su turno, Valeria abrazó a Alejandro junto al estacionamiento.

—Creo que quiero