“Ninguna mujer ha logrado conquistar a mi hijo en siete años, y mucho menos lo hará una obrera con una niña”, me dijo su padre antes de ofrecerme dos millones de pesos.

empleados murmuraron que la habían ascendido por ser pareja del dueño.

Ella respondió trabajando, aprendiendo y demostrando que conocía aquellas torres desde los cimientos.

También se inscribió en cursos nocturnos de administración de inmuebles y retomó materias relacionadas con su antiguo sueño de estudiar arquitectura.

No fue un camino fácil.

Había noches en que Sofía se dormía sobre sus cuadernos mientras Valeria estudiaba.

Otras veces Alejandro preparaba la cena para que ella pudiera terminar una tarea.

Nunca hizo sus exámenes por ella.

Nunca compró sus calificaciones.

Simplemente permaneció a su