siguientes, Alejandro empezó a llegar temprano a la obra.
Al principio buscaba cualquier pretexto para acercarse a Valeria. Después dejó de fingir.
Una mañana, incluso intentó ayudarla a cargar bloques.
—Se va a lastimar esas manos de oficina, ingeniero —se burló ella.
—Entonces enséñame.
Valeria soltó una carcajada. Era la primera vez que Alejandro la escuchaba reír.
Poco a poco comenzaron a conversar.
Descubrió que su hija Sofía tenía cuatro años, adoraba los dinosaurios y vivía con ella en un pequeño departamento de Tonalá.
El padre de la niña había