FUI AL ACTO DE GRADUACIÓN DE MI HIJO

escoltando a una reina, y caminó conmigo por todo el pasillo central. Yo iba mirando mis tenis viejos avanzar sobre la alfombra roja, sintiendo que caminaba sobre las nubes. Cuando llegamos hasta adelante, el propio director bajó los escalones e hizo que trajeran una silla de honor para colocarla justo en el centro de la primera fila, reservada para las autoridades de la universidad.

—Señora —me dijo el director estrechándome la mano con las dos suyas—, en treinta años dirigiendo esta institución, jamás había visto una lección de vida y