de las consecuencias… o alguien la había silenciado.
—Encuéntrala —ordenó Reese—. Pero no la asustes. Si sabe algo que pueda destruir a Preston, quiero que tenga la oportunidad de contarlo con sus propias palabras.
Calvin salió inmediatamente.
Reese se acercó a la ventana. Abajo, la ciudad seguía funcionando como si nada hubiera ocurrido. Los coches avanzaban entre los edificios, los empleados caminaban hacia sus oficinas y las pantallas publicitarias brillaban bajo el sol.
Nadie imaginaba que, detrás de las puertas cerradas de las grandes empresas, se estaba librando una guerra.