tenido razones de sobra para odiarme.
Y aun así había protegido mi imagen ante nuestros hijos.
—Lily encontró una fotografía de nuestra boda hace unos meses —añadió—. Me preguntó quién eras. Le dije la verdad.
—¿Y Oliver?
Una sonrisa triste apareció en sus labios.
—Oliver dijo que, cuando fuera mayor, te buscaría para preguntarte por qué nunca venías a jugar con él.
No pude contener las lágrimas.
Sophie me observó con una mezcla de tristeza y cautela.
—Lucas, si quieres formar parte de sus vidas, no bastará con aparecer un