cruzó los brazos.
—Elena, Valeria pidió privacidad. Creo que deberías respetarla.
—¿Privacidad de su madre?
—De todos.
Sentí el impulso de entrar empujándolo.
No lo hice.
Había pasado gran parte de mi carrera diciéndoles a otros que una sospecha no era una prueba.
Y además había otra cosa.
Valeria y yo habíamos discutido dos semanas antes.
Ella me había acusado de querer opinar sobre todo.
Su matrimonio.
Su trabajo.
El dinero.
La forma en que educaría a los hijos que todavía ni siquiera tenía.
Tal vez, pensé por un instante,