la verdad, mi papá no me pidió que perdonara a Sergio ni que me divorciara.
Solamente preguntó:
—Hija, ¿estás segura de que sabes cuánto dinero tiene realmente tu esposo?
Aquella pregunta me hizo revisar nuestros estados de cuenta.
Y encontré algo mucho peor que las vacaciones.
De los ahorros que habíamos reunido durante años para comprar una casa, faltaban 260,000 pesos.
Sergio había transferido 150,000 pesos a su primo Óscar tres semanas antes del viaje y otros 110,000 una semana después.
Ninguna transferencia había sido consultada conmigo.