parecieran tanto, no estaban obligados a sentir lo mismo.
Aquella observación le sorprendió.
Durante años habíamos hablado de Emiliano y Gael como si formaran una sola persona. Comprendí que también debía aprender a reconocer sus diferencias.
Gael envió su dibujo.
Emiliano siguió jugando al fútbol con sus compañeros y decidió que, por entonces, no quería contacto.
Rebeca respetó ambas decisiones.
Jimena tardó más.
Continuó asistiendo al taller de dibujo y empezó a participar en actividades escolares que antes evitaba porque sentía que debía regresar pronto para ayudar en casa.
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