Una mañana mi esposa desapareció, dejándome solo con cuatro hijos pequeños y una nota de suicidio. Durante años trabajé incansablemente para mantener a la familia. Cuando por fin nos establecimos, apareció en la puerta… Creía que aún tendría un lugar en nuestras vidas, pero lo que encontró tras esa puerta fue mucho más doloroso de lo que jamás hubiera imaginado.

parecieran tanto, no estaban obligados a sentir lo mismo.

Aquella observación le sorprendió.

Durante años habíamos hablado de Emiliano y Gael como si formaran una sola persona. Comprendí que también debía aprender a reconocer sus diferencias.

Gael envió su dibujo.

Emiliano siguió jugando al fútbol con sus compañeros y decidió que, por entonces, no quería contacto.

Rebeca respetó ambas decisiones.

Jimena tardó más.

Continuó asistiendo al taller de dibujo y empezó a participar en actividades escolares que antes evitaba porque sentía que debía regresar pronto para ayudar en casa.

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