como si estuviera a punto de despedirse del mundo.
Después me pidió que la acompañara a comprar unas plantas porque las suyas habían sufrido demasiado con el calor.
Fuimos juntos al mercado.
Durante el camino me contó historias de sus propios hijos, de épocas en que tampoco sabía si estaba haciendo las cosas bien y de decisiones que todavía le costaba comprender.
Aquella conversación me recordó que los adultos que parecen más seguros también acumulan dudas.
Nadie recibe instrucciones completas para construir una familia.
Aprendemos mientras vivimos, corregimos errores y,