Una mañana mi esposa desapareció, dejándome solo con cuatro hijos pequeños y una nota de suicidio. Durante años trabajé incansablemente para mantener a la familia. Cuando por fin nos establecimos, apareció en la puerta… Creía que aún tendría un lugar en nuestras vidas, pero lo que encontró tras esa puerta fue mucho más doloroso de lo que jamás hubiera imaginado.

como si estuviera a punto de despedirse del mundo.

Después me pidió que la acompañara a comprar unas plantas porque las suyas habían sufrido demasiado con el calor.

Fuimos juntos al mercado.

Durante el camino me contó historias de sus propios hijos, de épocas en que tampoco sabía si estaba haciendo las cosas bien y de decisiones que todavía le costaba comprender.

Aquella conversación me recordó que los adultos que parecen más seguros también acumulan dudas.

Nadie recibe instrucciones completas para construir una familia.

Aprendemos mientras vivimos, corregimos errores y,