MI MARIDO RECIBIÓ UNA PU-ÑA-LA-DA POR SU AM-AN-TE… Y TODAVÍA TUVO EL DESCARO DE PEDIRME QUE LE LIMPIARA Y LO CUIDARA. ESA MISMA NOCHE VOLÉ A PARÍS.

Nunca quise destruirlo.

Solo dejé de permitir que me destruyera a mí.

Un año después de aquella noche, regresé a Madrid para asistir a una ceremonia en el centro médico.

Habíamos inaugurado una nueva unidad dedicada a la recuperación funcional de pacientes quirúrgicos.

El proyecto había nacido de una colaboración entre nuestro equipo y los investigadores con los que trabajaba en París.

Era algo que llevaba años imaginando.

La sala estaba llena.

Vi a Ryan hablando con los médicos.

Vi a enfermeras que me habían acompañado durante las primeras semanas