“¿Tan poco te importé que ni para comprar una casa entera en un lugar perdido te alcanzó?”, le pregunté a mi esposo cuando me entregó los documentos de media propiedad tras 12 años juntos. Él sonrió y dijo: “Ya verás lo que te espera”. Guardé las llaves y me fui. Al abrir aquella puerta, entendí por qué había insistido tanto en regalarme esa mitad… Advertisements

estaba preparando chilaquiles.

—Buenos días, vecina —saludó—. Vengo a presentar una queja.

—¿Ahora qué hice?

—Llevas tres días prometiéndome café de olla y todavía no cumples.

Dejé la cuchara sobre la mesa.

—¿Vienes hasta aquí solamente para reclamarme café?

—También quería ver si podías alcanzarme las tazas de arriba. Las demás cosas puedo prepararlas yo.

Lo observé mientras acomodaba su silla frente a la mesa.

Por primera vez desde que lo conocía, había llegado a la cocina sin necesitar que yo lo llevara.

No dije nada.

Pero tuve que darme