“¿Tan poco te importé que ni para comprar una casa entera en un lugar perdido te alcanzó?”, le pregunté a mi esposo cuando me entregó los documentos de media propiedad tras 12 años juntos. Él sonrió y dijo: “Ya verás lo que te espera”. Guardé las llaves y me fui. Al abrir aquella puerta, entendí por qué había insistido tanto en regalarme esa mitad… Advertisements

a que Víctor regresara a su estudio para acercarse a mí.

—Escucha, Mariana. Fernanda y yo ya no estamos juntos. He estado pensando que quizá podríamos hablar de nosotros.

Lo miré fijamente.

—Nosotros dejamos de existir cuando decidiste humillarme para que regresara arrastrándome.

—Estaba enojado.

—El enojo no compra media casa para castigar a alguien.

Arturo bajó la mirada.

Después confesó el verdadero motivo de su visita.

Quería recuperar la propiedad.

Había averiguado que los terrenos de aquella zona estaban aumentando de valor y pensaba que, si conseguía convencerme de