debo resolver personalmente.
Asentí.
Había sabido desde el principio que llegaría aquel momento.
Los hombres como Lucas tenían vidas que no cabían dentro de un pequeño pueblo.
—Claro. Puedes marcharte cuando quieras.
Él me miró fijamente.
—No estoy pidiendo permiso para irme para siempre.
—Ya lo sé.
Pero mi voz sonó demasiado débil.
Lucas dejó la taza en la cerca.
—¿Eso es lo que piensas? ¿Que voy a desaparecer como Ethan?
Guardé silencio.
No quería mentirle.
Lucas se acercó un poco.
—No puedo prometerte que nunca tendremos problemas. Ni que