FIRMÓ EL DIVORCIO SIN LEERLO, CREYENDO QUE ERA UN REGALO PARA SU ESPOSA EMBARAZADA… PERO CUANDO DESCUBRIÓ LO QUE HABÍA PERDIDO, YA ERA DEMASIADO TARDE

provocado náuseas. Se lo había dicho varias veces, pero Adrian parecía no recordarlo.

—Gracias. No tengo hambre.

Él frunció el ceño.

—¿Sigues enfadada porque no pude acompañarte al médico?

—No estoy enfadada.

—Entonces, ¿qué te pasa últimamente?

Evelyn cerró el ordenador.

Durante cinco años había temido exactamente esa pregunta.

Cada vez que Adrian la encontraba triste, ella terminaba explicándose, justificándose y pidiendo perdón por haberlo preocupado.

Esta vez no lo hizo.

—Estoy cansada. Voy a dormir.

Adrian la sujetó suavemente del brazo cuando pasó junto a él.

—Evelyn, mírame.

Ella