nuestra casa.
Para entonces ya caminaba con bastón.
Conservó suficiente dinero para costear su atención durante los años siguientes.
Mamá recuperó su recámara y empezó a dormir noches completas.
Sin embargo, todas las tardes, alrededor de las seis, iba a visitar a mi abuela.
A veces llevaba pan dulce.
Otras veces simplemente se sentaban a tomar café y discutían por cualquier cosa.
—Elena, este café está muy cargado.
—Pues mañana lo prepara usted.
—¡No seas tan delicada!
—Y usted no sea tan mandona.
Después terminaban riéndose.
Nunca se convirtieron en