podía obligarme a comparecer públicamente y revelar datos de una identidad protegida. Escuchó sin interrumpir.
—Tu familia tendrá que responder por lo que haya hecho —dijo—. Pero no vamos a convertir esto en un espectáculo militar. Lo primero es protegerte y llevar las pruebas al tribunal.
Agradecí aquella frase más de lo que supe demostrar. Por una vez, alguien no confundía mi silencio con permiso para pisotearme.
El expediente llegó a manos de una abogada civil autorizada para representar mis intereses. Había declaraciones de vecinos, supuestas cartas sin contestar y