Durante años, mis padres me dieron por muerta para quedarse con la herencia de mis abuelos. En el juzgado oí a mi madre declarar: “Ya no tenemos esperanza de encontrarla”. Entré sin decir una palabra y entregué mi identificación. Todos se quedaron helados, pero el juez aún no había visto la firma imposible que aparecía en el expediente.

una relación de búsquedas realizadas. No había búsquedas. Había facturas inventadas, fechas equivocadas y un informe firmado por un investigador privado que jamás había hablado conmigo.

La abogada, Inés Salgado, me señaló un anexo.

—Esto es lo que me preocupa. Con la documentación tal como está, no deberían conseguir lo que piden. Así que han intentado fabricar algo más convincente.

Era una copia de un poder notarial. Según aquel papel, yo había autorizado a Blanca a gestionar mis bienes poco antes de desaparecer. Reconocí mi nombre completo, mi antigua dirección