Durante años, mis padres me dieron por muerta para quedarse con la herencia de mis abuelos. En el juzgado oí a mi madre declarar: “Ya no tenemos esperanza de encontrarla”. Entré sin decir una palabra y entregué mi identificación. Todos se quedaron helados, pero el juez aún no había visto la firma imposible que aparecía en el expediente.

para construir mi supuesta desaparición.

Inés pidió la verificación del folio ante la notaría señalada. La respuesta fue breve: ese número correspondía a otro trámite, realizado por personas completamente distintas. El documento no existía en sus archivos. Lo que se había presentado al tribunal era una falsificación.

Al día siguiente llamó Blanca. No mencionó juzgados ni poderes. Comenzó hablando de su negocio, como siempre.

—Tengo un contrato enorme a punto de cerrarse, Alex. Solo necesito liquidez para aguantar unas semanas.

—Ya te dije que no.

—Lo que pasa es que