padre—. Hospitales, amigos, autoridades. Gastamos lo que no teníamos buscándola.
Mentía. Mi madre me había escrito por mi cumpleaños cuatro meses antes, no para felicitarme, sino para preguntarme si podía prestarle dinero a Blanca. Mi padre había recibido una transferencia mía para reparar el tejado de su casa el invierno anterior. Y Blanca sabía perfectamente que seguía viva: dos semanas atrás me había dejado un mensaje de voz llamándome «egoísta» porque me negué a cubrir otra de sus deudas.
Sin embargo, allí estaban los tres, intentando que un tribunal aceptara