de ahorro y de muchachos brillantes que trabajaban de día para asistir a clases por la noche. Me impresionó especialmente la carta de Nadia, una joven cuyo padre reparaba electrodomésticos y que quería desarrollar herramientas accesibles para personas con discapacidad visual.
En su entrevista no mencionó premios ni grandes empresas.
—Mi papá me enseñó a arreglar las cosas —dijo—. Yo quiero aprender a crear algo que le facilite la vida a alguien.
La elegimos por el mérito de su proyecto, no por darme una historia bonita que contar. Pero aquella