papel y lo puso junto a los buzones.
“Paco está descansando. Por favor, cerrar suave la puerta.”
Alguien añadió debajo, con bolígrafo:
“También conocido como Don Pelayo.”
Otro vecino escribió:
“Y Manolo.”
A los dos días el papel parecía el registro civil de un rey callejero.
Paco.
Don Pelayo.
Manolo.
El Gris.
El Jefe.
El Señor del Felpudo.
El Gordo.
Cuando lo vi, me reí por primera vez en varios días.
La señora Beltrán también.
—Mira que si al final resulta que el gato tiene más nombres que amigos teníamos