hija miró todo aquello.
Luego miró a Paco, dormido en mi sillón.
—Papá —dijo—, ¿tienes gato?
—Más o menos.
—¿Cómo que más o menos?
En ese momento llamaron a la puerta y entró la señora Beltrán con una fuente pequeña.
—Traigo empanadillas. Ah, perdón, ¿molesto?
Mi hija me miró.
Yo me encogí de hombros.
—También tengo vecina.
Los niños se enamoraron de Paco en tres minutos.
Paco los toleró con la paciencia de un abuelo que ya ha visto muchas cosas.
Mi hija ayudó a poner la mesa.
Comimos todos