“¡Papá, ella tiene mi mismo corazón!”, gritó la hija del millonario al levantar mi brazo frente a 30 invitados. Yo era la empleada de limpieza y llevaba seis años visitando la tumba de mi bebé. Su abuela quiso despedirme inmediatamente. Me quedé callada, anoté la fecha del cumpleaños y pedí una prueba de ADN. Nadie imaginaba quién había preparado aquella mentira. Advertisements

acompañado de una firma que no reconocía.

—Mi suegra está intentando sacar a Lucía del país sin mi consentimiento —le dijo al abogado.

—Entonces tenemos que actuar antes del domingo. Vamos a presentar los documentos ante las autoridades y solicitar las medidas correspondientes. Mientras tanto, no firmes absolutamente nada.

Diego jamás había sentido tanto miedo.

Durante dos años permitió que Rebeca administrara su casa, escogiera las actividades de Lucía y tomara decisiones sobre su educación.

Después de la muerte de Sofía, creyó que aquella mujer solamente intentaba llenar el vacío