«Entonces coma otro poco. Los recuerdos no se van a ninguna parte, pero la comida se enfría».
Isabel levantó la mirada, sorprendida por aquellas palabras.
Doña Dolores no añadió nada más.
Simplemente dejó una tortilla caliente junto a su plato y regresó a sus quehaceres.
Por primera vez en muchos días, Isabel sintió que quizá el mundo no estaba compuesto solamente de puertas cerradas.
Dos horas después, cuando escuchó el ruido de una carreta deteniéndose frente a la casa de huéspedes, ya había tomado una decisión.
Diego Vargas apareció en