EL AMOR QUE NO NECESITABA SACRIFICIOS

si seguimos extrañándonos?

Miré su maleta.

Después sus ojos.

—Entonces sabremos que tenemos una buena razón para volver a encontrarnos.

Valeria me besó una última vez.

Luego subió al autobús.

La observé buscar su asiento junto a la ventana.

Cuando me encontró entre la gente, levantó una mano.

Hice lo mismo.

El autobús comenzó a moverse.

Y mientras se alejaba, sentí un dolor extraño en el pecho.

No era el miedo de perderla.

Era el dolor inevitable de extrañar a alguien que amaba.

Pero debajo de aquel sentimiento también había