capacidad para organizar las prácticas.
Que le pedían consejos.
Personas para las que Valeria no era solamente la mujer que siempre estaba pendiente de mí.
Era alguien que estaba construyendo un lugar propio.
Y me sentí inmensamente feliz al verlo.
La última noche salimos a cenar.
Mientras caminábamos de regreso, Valeria tomó mi mano.
—¿Sabes qué es lo más extraño? —preguntó.
—¿Qué?
—Que pensé que, si me iba, iba a perder una parte de mi vida.
La observé.
—¿Y la perdiste?
Negó.
—No. Descubrí que mi vida podía hacerse más