Aquella misma mañana, Carolina despertó en la enfermería.
Una doctora estaba sentada junto a su cama.
—Carolina, necesito hacerle algunas preguntas.
Ella abrió lentamente los ojos.
—¿Mi bebé está bien?
—Por ahora, los latidos son normales. Pero necesitamos vigilar su salud.
Carolina colocó ambas manos sobre su vientre.
Por primera vez en muchos meses, una lágrima recorrió su mejilla.
La doctora esperó unos segundos.
—¿Sabe quién es el padre?
Carolina cerró los ojos.
Su respiración se volvió irregular.
—No quiero hablar de eso.
—No tiene que contarme nada ahora. Pero