armada únicamente con una varita de madera y una empatía genuina, le había devuelto la chispa de la alegría en media hora sentada sobre el polvo.
Guardé el documento de expulsión en el bolsillo interior de mi abrigo y me puse de pie:
—Sube al auto, Maya.
La chica retrocedió, asustada de nuevo:
—Señor Harrison… de verdad que no puedo aceptar limosnas.
—No es ninguna limosna —le respondí con voz firme y serena—. Mi firma de inversiones, Vance Holdings, resulta ser la principal benefactora del fondo fiduciario y de las